miércoles, 7 de julio de 2010

CRONICA DEL AMIGO JOSE DE SU EXPERIENCIA EN LA QUEBRANTAHUESOS 2010


El amigo Jose en plena Quebrantahuesos 2010

Jose, amablemente nos ha cedido su crónica de sus experiencias en la pasada Quebrantahuesos, leyendola le dan ganas a uno de ir pa ya el año que viene, ¡ a ver si lo preparamos y vamos más triamagros a vivir esa experiencia!. Espero que disfruten de la crónica es muy entretenida y se puede hacer una idea muy aproximada de cómo es la carrera. Empieza así...

Bueno, después de casi un mes de la Quebrantahuesos y de que me llegaran las ansiadas fotos de la prueba, comienzo con la crónica (un poco larga, pero es que 8 horas de prueba dan para mucho).

Eran las 04:30 de la mañana y sonaba el despertador, me tomé una taza de cereales y tiré pa Sabiñánigo. Llego a las 5:45 y me lo tomo con mucha calma, me pongo el dorsal, me como un plátano y tiro pa la salida. Aquí el primer momento guapo, una marea de ciclistas, miles y miles delante de mí, otros tantos que seguían llegando, un colorido increíble en todos lados, incluso desde el cielo con los helicópteros de la organización. Además, el ambiente (que bajo mi punto de vista es lo mejor) era genial, todos tenían alguna broma que gastar, supongo que para romper el hielo y matar un poco los nervios. De pronto comienzan a preguntar sobre los kilómetros acumulados desde Enero, que si 5000, que si 8000, y yo con mis 2500 jejej, como un campeón (acojonao eso sí). Bueno que me lío, a las 07:00 en punto de la mañana tiran un volador y comienza la prueba muuuuyy leeentamente, muy despacio, claro si son 8000 tíos dando pedales. Pues ná, me sitúo en un lado de la carretera (como había leído en las recomendaciones del foromtb) y nada más salir de Sabiñanigo, primer accidente, esa marea de ciclistas pedaleando se había convertido en una marea de brazos levantados gritando que avisaran a un médico, yo ya pensaba que alguien se había matado. A medida que me acercaba solo distinguía trozos de metal, ruedas destrozadas y un abuelete sentado en la carretera con una brecha en la cabeza (empezamos bien, pienso). Bueno, yo sigo a lo mío, por un ladito que por el centro es peligroso. Seguimos avanzando hasta Jaca y se va muy pero que muy rápido, tengo la tentación de subirme a los “trenes” que pasan a más de 45 km/h a mi lado pero me reprimo y me aguanto yo solito por un lado (impropio de mí).

Justo antes de llegar a Jaca, primera parada pa cambiarle el agua al canario (muchos líquidos acumulados durante la semana). Ya sin darme cuenta llegamos al primer puerto, el Somport, de 16 km. A medida que iba subiendo, primer problema, un ciclista me dice que el cambio me está rozando con los radios de la llanta. Joooder, la ley de Murphy, claro, cómo el 25 nunca lo ponía pues ahora pasa lo que pasa. Me paro, lo enderezo con la mano y sigo parriba. Aquí empieza el punto de inflexión para los más de 1500 ciclistas que abandonarían después de tomar la salida, y es que empecé a ver cómo bajaba gente del puerto y pensaba que querrían acompañar a algunos de sus compañeros para la subida (ignorante de mí). De repente, uno de ellos nos mira y dice “no veas la que está cayendo ahí arriba”, y me digo, ni de coña, pero claro, bajaban pelotones enteros de ciclistas que no conté pero eran más de 500 seguro. Pues el amigo no se equivocaba, cuanto más subíamos, más niebla, más frío, más lluvia y más viento, todo ello con 6 grados de temperatura.

Sin darme cuenta, llegamos a la cima del Somport y comienzo la bajada, muy despacio porque la visibilidad era de menos de 10 metros y hacía mucho, mucho frío, un frío que no había pasao nunca encima de la bici, de hecho, creía que se me iban a caer los dientes del tembleque. Durante la bajada, segundo problemilla, miro pal cuentakm. y veo que no se mueve, me paro y me doy cuenta que no tengo el sensor de la llanta. Bien, pienso, ahora a mirar el tiempo por la hora del cuentakm. Después de estar bajando durante media hora por lo menos (se me hizo eterno) y con el tembleque en el cuerpo todavía, primer llano, y primera posibilidad de entrar en calor después del diluvio universal.

Seguía lloviendo pero comenzaba a disfrutar de verdad, me subía, ésta vez si, a los trenes de ciclistas y prácticamente volaba, una sensación estupenda, además, si el ritmo era muy alto me descolgaba, cogía otro y viceversa.

De nuevo y casi sin darme cuenta (tal vez por lo que estaba disfrutando) llegamos al pueblo francés de Escot (sinónimo del comienzo del puerto, quizás más duro, el Marie Blanque, o la dama de blanco como se le conoce en el mundillo, y que, por cierto, el 22 de Julio pasa la caravana del Tour por ahí). Los primeros 5km son muy llevaderos, a pesar de la lluvia, que seguía cayendo, pero, a partir de ahí, me arrepentí de no poner el 27, iba trancao. En los meses de entrenamiento había aprendido a ir con mucho desarrollo con muy buen resultado y me vi haciendo todo lo contrario. De hecho muchos me miraban y les gastaba bromas, “quién me habrá mandao a meterle un 25” y uno de ellos me respondió, “¿qué llevas un 25?, pero si yo llevo un 29!! (no coment). Seguía con la lenta subida y pasaba a gente que incluso iba a pie, las ambulancias nos adelantaban y ya en el cartel del último km, me animo un poco, aprieto para así de paso tener más desarrollo y corono el puerto.

Dos kms más tarde, primer avituallamiento. Aquello parecía ciclocross del barro que había. Total, me echo un sándwich de jamón y queso, lleno el bidón de agua y tiro pabajo. Un minuto después del avituallamiento pillé una curva más rápido de lo normal y nada más tocar la hierba, me fui al suelo cayendo de espalda viendo cómo salía disparado el cuentakm. Durante un instante no me muevo, me levanto, me toco la espalda, miro la bici, el eje de pedalier, recojo el cuentakm y sigo (vaya suerte que tuve, me digo). Continúo con la bajada y me encontraba con imágenes curiosísimas, vacas del pirineo enormes cruzando la carretera, tocaba hacer zigzagueo entre vacas. Más tarde me enteré que hubo ciclistas que chocaron contra las pedazos de vacas esas y se fueron al suelo. Otra de esas imágenes que se repetía en todas las bajadas eran las de grupos de ciclistas parados en cafeterías y pórticos de Iglesias francesas esperando a que amainara el temporal de frío, lluvia y viento o a que las ambulancias los recogieran.

Al terminar la bajada, corto llano hasta el pueblo francés de Laruns (comienzo del Portalet, de 29 km). Es un puerto muy cómo, sin excesivo desnivel, al menos hasta la mitad del mismo. Me informo del mismo preguntando como buen novato a los compañeros ciclistas con más experiencia y me dicen que lo jodido es a la altura de la presa y los 5 últimos kms. Dicho y hecho, a medida que pasaba por el lateral de lo que creía que era un lago el desnivel aumentaba. De hecho estábamos pasando por una estación de esquí. Total se sigue subiendo y de repente veo la famosa presa, a lo lejos una pared de hormigón marrón de 50 metros de alto por lo menos con los famosos desniveles (como la subida de fontanales). Termina la subida y comienza un pequeño falso llano. Vuelvo a preguntar a otro ciclista y me comenta que lo que queda (unos 7kms) son llevaderos y me despego de él por culpa del desarrollo, porque si voy más despacio no arranco. Durante la subida y, a pesar de la niebla, el paisaje es precioso y la gente espectacular, con ese frío, lloviendo y con nieve en las cunetas no paraban de animar, sobre todo el último km que parecía una etapa del tour. Corono el Portalet y al ver el cartel de “BIENVENIDOS A ESPAÑA” no me lo creía, ya no quedaba nada. Paso por la estación de esquí de Formigal , carretera muy ancha y con mucho desnivel, en la que se baja muy rápido, apoyado en otro ciclista, haciendo relevos tiramos hacia el último puerto.

Por último la carrera llega a Hoz de Jaca, de 5 km. Justo antes pasamos por unos 200 metros de pavé, a lo “Paris Robaix” que me destrozan los brazos.

La subida al puerto se pasa rápido porque se sabe que es el último y lo que queda es cuesta abajo (lo mio jejej). Aquí de nuevo, mucho público animando, te sientes como los pros de la tele, muy guapo. Se termina el puerto y ya a toda velocidad hasta Sabiñánigo. No sabía la velocidad, pero bajábamos en llano más de 60km/h seguro, haciendo relevos con otros dos ciclistas que iban muy bien.

De esa manera entramos en “Sabi”, como se le dice aquí y no me lo creía. Acababa de terminar la prueba, quizás, más dura de las 20 ediciones disputadas, y en 8:23 horas, aunque el tiempo, realmente y aunque suene tópico, es lo de menos.

El año que viene más!!



3 comentarios:

Víctor dijo...

Muy guapa la experiencia, me pones los dientes largos. Ten por seguro que si pudiese me lo plantearía, aunque el tema del frío lo llevaría fatal (ya me conocen)

Felicidades por la prueba y por la bonita crónica.

Espero que nos veamos pronto, ahora la próxima la crónica de la Rama

Isidro García dijo...

Jejee, Víctor, total no hay culeto en el mundo que si puede se pierda su amada Rama, hasta yo este año que estoy de vacaciones quizás me pase.

Lo de la Quebranta, como muchas cosas, no lo descarto... Saludos.

Jose dijo...

Eso está claro. Próxima crónica LA RAMA, que ya queda menosss!!!!!!!!